15. Vergüenza y procrastinación

¿Cuándo fue la última vez que sentiste vergüenza? ¿Te acordás?

¿Cuál o cuáles fueron los momentos en tu vida en que la sentiste más fuerte?

Muchas veces guardamos recuerdos que siguen doliendo 10, 20 años o 30 años después de haberlos vivido.

Pudo haber sido una situación dolorosa pequeña o puede haber sido algo realmente complejo, una herida muy honda.

Algo tan común como “me hice pis de chico en la clase y todos se rieron de mí” puede ser un ancla que tenga suficiente peso para estar frenando alguna parte de nosotros en el presente.

Otras pueden ser mas recientes, por ejemplo: «en una cena con mis compañeros de trabajo dije/ hice algo que no me dejó bien parado.«

Te invito a tomar nota (por escrito) de estas situaciones. Son pepitas de oro, que pueden servir para indagar en nosotros y en nuestras trabas.

¿Qué es la vergüenza?

La vergüenza es esa emoción que aparece cuando entendemos que estamos haciendo algo mal y que eso va a llevar a los demás a pensar mal de nosotros, a tener opiniones negativas acerca de nosotros.

El otro

Incluir en la ecuación la posible mirada del otro acerca de mí mismo, mi compotamiento, mis decisiones, mi accionar, mis errores, le suma mucho peso a nuestro día a día.

Por esto podemos perder confianza, sentirnos inseguros, empezar a dudar de cada paso que damos. Terminamos agobiados, angustiados, sobrecargados y no podemos avanzar.

Muchas veces son otros quienes marcan mi error, quienes lo hacen notar, quienes humillan, señalan… esto profundiza el dolor.

Y también el avergonzador puede ser uno mismo, esa voz interna que fuimos incorporando y que aprendimos desde nuestra infancia.

El origen de la vergüenza

Evolucionamos viviendo en comunidad y dependiendo casi al 100% de nuestra comunidad. Vivir en comunidad nos ayudaba a sobrevivir. Si el grupo nos rechaza, las consecuencias eran fatales.

Estar solo significaba casi por seguro que no íbamos a sobrevivir. Quedábamos a merced de la naturaleza. La vergüenza cumplía una función en nuestra supervivencia… como todas las emociones.

El camino de la vergüenza

Los pasos que atravesamos para sentirnos avergonzados serían:

  1. Me observo. Me hago consciente de mi comportamiento.
  2. Me comparo. Comparo mi comportamiento con el de los demás, con lo que creo que es aceptado y correcto. Los códigos del grupo o comunidad a la que pertenezco.
  3. Respondo o reacciono:
    • Si hice “bien” > me siento bien, me puedo sentir orgulloso/a.
    • Si considero que hice mal o que mi performance no alcanza los estándares o que directamente fui en contra de los estándares > siento vergüenza, culpa. Y se abren 2 nuevos caminos:
      • La vergüenza me informa y me duele. Ese dolor me puede llevar a reparar, modificar mi comportamiento, aprender, a hacerme cargo de mi error.
      • O me lleva a esconderme, desaparecer, a retraerme, guardarme. En ejemplos concretos: llego a la oficina y hablo lo menos posible, como solo en un piso distinto al de mis compañeros, no respondo mensajes o mails, ante un llamado no contesto.

¿Cómo ganarle terreno a la vergüenza?

Podemos intervenir y atender a esta emoción desde distintos ángulos.

  1. Vale sentir vergüenza. Esto es lo primero. Darnos permiso para sentir lo que sentimos. No lo podemos evitar. De la misma forma que no podemos evitar que surjan ciertos pensamientos. La emoción surge, los pensamientos aparecen. No significa que hay algo mal en nosotros por sentir o pensar.
  2. Estándares: Poné atención a cuál es la vara con la que me estoy midiendo. Con quién o con qué me estoy comparando. Cuál es el estándar al que no llego o qué reglas sociales transgredí.

    Luego puedo empezar a ajustar dichos estándares, desafiarlos, preguntarme si son sanos para mí.
  3. Identidad: Revisar también quienes pensamos que somos, qué nos permitimos y qué no. ¿Cuánto me permito el error? ¿Creo ser el tipo de persona que nunca se comportaría de esta forma?
  4. Los otros: observá el peso y la relevancia que le das a lo que otras personas puedan opinar o decir sobre vos. Poné nombre y apellido a esos otro/as ¿Quiénes son esos “otro/as? ¿Tu familia, tus amigos, tu pareja, tu grupo de trabajo, otros grupos? ¿Por qué es importante para vos su opinión, su forma de pensar? ¿Qué es lo peor que podría pasar?

    En esta misma línea podés reflexionar sobre los costos y las consecuencias que te trae poner tu atención en esa mirada externa.
  5. Situaciones: Estar atento/a a cuáles son las situaciones en las que sentís vergüenza. Pueden ser situaciones acutales en tu día a día o recuerdos que te vayan apareciendo a partir de este artículo. Anotalas.
  6. Palabras: Escuchá cómo te hablas a vos mismo/a, escuchá tu diálogo interno. ¿Te ayuda ese diálogo? o ¿Te juzgas? ¿Te castigas? ¿Te humillás con tus propias palabras? Si tu respuesta es sí a las últimas 3 preguntas entonces volcá ese diálogo a papel. Vomitá esas palabras por escrito. Al escribir las haces conscientes, les das un canal y hasta podés responder desde un lugar más amoroso, compasivo o comprensivo con vos.
  7. Exposición gradual: A medida que identifiques distintas situaciones en las que te sentís avergonzado/a podés ir pensando estrategias para ir exponiéndote paso a paso, sin exigencia. Acercarte a eso que te pone incómodo/a de forma segura te va a permitir ampliar tu umbral de tolerancia, e ir ganando confianza. Registrá internamente cuánto sí podés.
  8. Pedí ayuda. Compartí tu sentir en un espacio seguro, con un otro que esté preparado para escuchar. Alguien de confianza, un profesional de la salud mental o un terapeuta, un coach o lo que elijas. Hay veces que no podemos solos y que necesitamos ayuda profesional y acompañamiento profundo.

Si te sirvió este post,
compartilo con alguien a quien
le vendría bien leer esto.

Podcast

Post en instagram


Descubre más desde CHAU PROCRASTINACIÓN

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario